El Evangelio no alberga vagos, pero sí a los pobres
Se escucha por ahí, “Fue por gracia, pero no es de gracia”. “Venga como está, pero no quede como viene”. “Quien no trabaja, que tampoco coma”. “Dios da, y Dios quita’. “Todo lo que tengo, lo gané trabajando”. “Nací pobre, moriré pobre”; etc.
¿Cuál de esas declaraciones es genuinamente bíblica? ¡NINGUNA! ¿Cómo? ¿Y la de Tesalonicenses? ¿Y la de Job?
Antes de todo, No podemos hoy basarnos en realidades que tengan a ver con otros periodos de tiempos, otras Eras, distintas de la del Espíritu y la Gracia que vivimos. Todo en el Antiguo Testamento tiene una base, un contexto y una realidad distinta de lo del Nuevo Testamento. La base era el Antiguo Pacto. El contexto era el vivir bajo la Ley Mosaica y la realidad era que ellos persiguieron al Mesías y las promesas de Salvación, y lo alcanzaron por la fe, según Hebreos 11, pero no completamente como nosotros hoy. Y hoy nuestra base es el Nuevo Pacto, el contexto es la Gracia y la realidad la plena Salvación.
¡No demos vueltas! Dios no les dio a Adán y Eva promesas de LIBERACIÓN ni de PROSPERIDAD. Les asignó, sí, toda la tierra del Edén para PRODUCIR. Y Caín es el cabeza del Neocapitalismo, y Abel no es cabeza del Progresismo sino de la Productividad que agrada a Dios. Ambos trabajaron, pero la base sobre la cual trabajó e hizo su devoción religiosa Caín, era la equivocada, mientras que Abel también trabajó, e hizo una ofrenda que realmente le agradó a Dios. EL TRABAJO no los distinguió a uno como trabajador y al otro como vago, sino sus intenciones interiores.
¡Vamos al grano! Dios le dio todo a la primera pareja. Y Abel siguió debajo de esa cobertura aun cuando los padres se habían ya desviado. Pero Caín surge con una nueva propuesta: No confiar más en Dios, sin dejar de reconocerle verdadero, pero ahora confiar en sí mismo y en su trabajo. De sus descendientes vino el primer valiente de la tierra, Nimrod, el fundador de Nínive, y la Torre de Babel. Hasta aquí, todos trabajan. Llegada la Ley, se legisló con respecto al POBRE en dos sentidos: 1) haciéndole justicia, y 2) Estableciéndole deberes para que no aflojasen. Para el rico también hubo dos líneas de legislación, la del trabajo como patrón, o más fuerte, y la de devoto. Levítico 27 claramente establece que quien tiene más, debe dar más a Dios, y ayudar más a sus semejantes.
Pero lo que Dios dio a la primera pareja no era para que fueran vagos, sino para labrar y cuidar, para reproducir, multiplicar, y llenar la tierra, dominarla, enseñorearse sobre la vida animal y vegetal del jardín, y disfrutarlo. En toda la descripción bíblica no hay desigualdad sino igualdad; ni diferencias entre ricos y pobres, sino equidad.
¿Quién tiene la culpa por las injusticias sociales en el mundo? ¿Adán y Eva? ¿Caín? Si a cada caos moral Dios no hubiera determinado juicios registrados en Génesis de la Biblia, no tendríamos como entender que cada generación, cada acto, cada cultura o civilización Dios tolera, pero un día Él juzga. Por tanto, los males que sufrimos hoy no pertenecen a las desobediencias de los de ayer, y nosotros somos los únicos culpables. Claro que acontecen acumulaciones y también degradación humana y multiplicación de la corrupción.
En todas las Eras una parte de la humanidad más veloz, más acaparadora y más violenta e injusta, generó la otra parte pobre, aunque estos les favorecieran en algo o en mucho.
¿Saben qué? En el Edén todo fue de gracia y por la gracia. Cuando vino la Ley, la gracia no desapareció. La Ley tan solo Dios la usó para probar a los hombres que por la meritocracia jamás serán justificados en sus pecados. Y esto es Gracia. Más adelante, en el libro de Romanos, se nos aclara que lo que es por gracia, es de gracia, y no genera deuda. ¡No! No tienes que trabajar como burro para Dios por la gracia de Él que te alcanzó. No tienes que dar el diezmo y ofrendas por causa de lo que Él sufrió por ti. Si descargasen en tu casa un camión lleno de naranjas, y los niños del barrio viendo te las piden, trayendo carritos, bolsas, latones, para juntar para sí, se las darás generosamente así como fueron contigo. Esto es lo que Dios espera de sus agraciados. El trabajo no tiene nada que ver con la gracia. La idea de que “Bueno, ahora porque Dios te da todo no vas a trabajar, y vas a esperar sentado” es una arbitrariedad total. Si así fuera, Dios entonces fue injusto con Caín.
Cuando los pecadores vienen a Dios, sí, claro, tienen que venir como están, pero si van a ponerse a trabajar para cambiar, nunca cambiarán, o solo será en la apariencia y la religiosidad. ¿Acaso no dice “el que comenzó en vosotros la buena obra, la va a perfeccionar”? El trabajar del nuevo salvo no es en la carne. No es haciendo que crecerá, sino sometiendo su hacer al hacer de Dios. La frase “ocupaos en vuestra salvación” en el original griego es “Pongan para afuera su salvación”. Ese es el único trabajo del salvo: No impedir a Dios trabajar en él. Liberar a Dios desde adentro de sí para afuera. O sea, colaborar con Dios, al no resistir.
Si la frase de Tesalonicenses no fuera
específica para el contexto del libro, entonces, todas las decenas de palabras
acerca de ayudar al otro a llevar su carga, solidarizarse, socorrer, perdonarle
las deudas, dar de comer, vestirle, consolar, sufrir juntos, hacer el bien
hasta a los enemigos, etc., estarían de más. Pero ella es específica para un tiempo específico, un lugar específico, y a algunos indivíduos en específico, nada más. El cristiano debe ser hospedador, y cuando hospeda, no puede leerles el versículo de Tesalonicenses, que anularía lo que hace en obediencia a Dios.
El dicho de Job vale solo para el caso en que
el Diablo se creyó capaz de complicar a Dios con la idea de “quitar”, y Dios
fue honrado por su hijo Job, usando la misma idea, de manera “vengativa” y
absolutamente para la gloria de Dios [Satanás se cree: 1. 10-12 – Job le
derrota, glorificando a Dios 20-22]. Pero todo don perfecto viene de Dios. Y
las riquezas materiales no son dones perfectos de lo alto, sino de la tierra, y pertenecen a TODOS los humanos, no al que más trabaje o más especulador u oportunista sea, o inteligente. Y como esto siempre existió desde la Caída, Dios no contiende con el hombre. Sólo requiere de los salvos que sigan el ejemplo de Jesús que siendo rico se hizo pobre, y ahora sean "ricos para con Dios" en la comunidad cristiana. La demanda cristiana no es: "Vendan todo y denle a los hermanos pobres el dinero", sino "dejen de sentirse dueños; ahora convenzance de que son administradores o mayordomos".
Por lo resumido aquí, queda claro que ambas posiciones, la del rico y la del pobre en el primer párrafo, son absolutamente vanas, porque no son congruentes con las verdades bíblicas acerca de la riqueza de Dios, congruencia esta o armonía o equidad que a lo largo de la historia y la humanidad se perdió, pero que el Evangelio es eso: Las Buenas Nuevas de Redención.

Nenhum comentário:
Postar um comentário