Ni conquistadores ni conquistados
Hay una cosa quizás poco contada en ese hecho que protagonizamos principalmente los extremeños, como fue la conquista de América, me refiero al hecho del nacimiento del mestizaje, o del criollismo, con iguales derechos, ante la ley de Dios y de los hombres, para los de raza pura española que para los propios mestizos con mezcla de sangre india y española. No hubo en este hecho racismo, sino el reconocimiento de una raza nueva, con iguales deberes y derechos.
Contado hasta la saciedad está el caso de Isabel de Moctezuma, princesa azteca, que casa con un cacereño, el capitán Juan Cano, y cuyos descendientes viven en Cáceres y gozan del derecho de nobleza que se le reconoce —por parte del reino de España— en sus dos ramas, la paterna y la materna, porque la corte española reconoció a Isabel, la azteca, como una noble de Castilla.
Pero hay un caso menos contado, de otro linaje extremeño de Trujillo, que también lleva sangre india, aunque en este caso del Perú.
Francisco Pizarro, el conquistador de Perú, tuvo dos hijos de la princesa india Inés Yupanqui, considerados también como nobles por ambas ramas. Uno de ellos, una niña, que recibió el nombre de su padre, Francisca, andando el tiempo vino a Trujillo y se casó con su tío Hernando Pizarro, viviendo los esposos en el Palacio de la Conquista en aquella ciudad, y siendo la cabeza de otra rama noble de mestizaje, en el que vuelven a mezclarse la sangre india y la española, sin ningún asomo de racismo.
Hay otro hecho también poco contado y fue el de las mujeres extremeñas que pasaron a América, siendo también las “conquistadoras” de aquel suelo. María de Escobar, trujillana, fue la primera mujer que llevó semilla de trigo a Perú e Inés Muñoz fue la primera extremeña casada que llegó a Perú, siendo fundadora en Lima. Con lo que, en un sentido y otro, hubo conquistadores y conquistados.
Diario HOY, 11 de agosto de 1984

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